La Prevención como condición necesaria y suficiente en Violencia Familiar

Violencia Familiar, Prevención y Focusing

Violencia Familiar, Prevención y Focusing

Por:
Lic. Alicia Pellaccani – Psicóloga
Lic. Ana Beatriz Agosti – Psicóloga
Lic. María Cristina Collia – Psicóloga

Fuente de la información: MARGEN – Revista de Trabajo Social – Edición #41 – Marzo/2006

HOSPITAL DE EMERGENCIAS PSIQUIÁTRICAS
“TORCUATO DE ALVEAR”
ABORDAJES INTERDISCIPLINARIOS EN VIOLENCIA FAMILIAR
XI CURSO DE POSGRADO
Trabajo Práctico para ser presentado en el XI curso de Posgrado Teórico – Práctico a cargo de: Dr. Oscar Taber y la Lic.Silvia Gross

ABSTRACT
“La Prevención como condición necesaria y suficiente en violencia familiar”

En el presente trabajo se abordará el tema de la Prevención como condición necesaria y suficiente para paliar la violencia en la familia.

Partiendo de la base que la familia constituye un grupo de pertenencia primario que provee modelos identificatorios que posibilitan la construcción de la auto-imagen mediante el mecanismo de los espejos que brindan los otros significativos, creemos necesario trabajar en los modelos de familia previniendo factores de riesgo antes de que se instale la violencia como forma de relacionarse del grupo familiar, y el niño pueda organizar su estructura psíquica, construir su identidad y desarrollarse como persona.

A través de dinámicas grupales, con un abordaje sistémico, integrativo e interdisciplinario se propone un proyecto para trabajar en escuelas, iglesias y en comunidades vecinales que informen y asesoren sobre la crianza anormal y su prevención a fin de cortar el círculo vicioso familiar que puede convertir en “golpeador” a un niño criado de esa manera violenta.

1 – INTRODUCCIÓN: “Un poco de historia”

Muy lentamente la sociedad ha empezado a interiorizarse e interesarse en el tema de la violencia

La etimología del término “violencia” remite al concepto de fuerza e implica el “uso de la fuerza para producir un daño”.

En la historia de la humanidad hay infinitas muestras de diferentes formas de violencia: ya sea a través de los pueblos entre sí o ataques de unos individuos contra otros.

La violencia forma parte de la experiencia diaria y la mayor parte de las veces según la Lic. María Inés Amato es “… una presencia invisible que acompaña gran parte de nuestras interacciones diarias…” o sea que sin que nos demos cuenta la violencia circula casi naturalmente entre las personas.

Giberti y Fernández en “La mujer y la violencia invisible” opinan que “…. Los procesos por los cuales, desde distintos lugares e instituciones sociales se hace posible la discriminación, se vuelven invisibles en tanto se construye un consenso por el cuál se atribuye a la naturaleza lo que ha producido la cultura…”.

Se han invisibilizado las condiciones por la cuales se generan aspectos para la forma de apropiación desigual del capital cultural y para las formas de desigual acceso a los circuitos de trabajo, centros de poder, etc.

Según el Lic. Carlos Castro hay un fenómeno de “impregnación” cultural en donde cada sociedad cuenta con mecanismos que legitiman, oscurecen, niegan y en cierta forma, perpetúan la violencia.

La naturalización de la violencia tiende a que todo sea percibido como violencia lo cual desdibuja el fondo de su riesgo al percibirse como algo natural y cotidiano, produciendo un fenómeno de sobre-dimensionalidad.

La violencia se observa a nivel institucional, político, económico, social y familiar.

Otras formas de violencia, menos visibles se practican en familias todos los días: ¿cómo?: pues a través de la desigualdad en la distribución del dinero, del poder, de las responsabilidades domésticas, de las opciones de realización personal.

También dentro de la organización familiar, dentro del matrimonio, se violentan el sentido como la práctica de la sexualidad femenina.

Otra mención son los medios masivos de comunicación, algunas modalidades de prácticas médicas y psicológicas que reproducen una imagen femenina que violenta en muchas mujeres las necesidades de transformación de su lugar social.

En estudios realizados por prestigiosos etólogos, sociólogos, antropólogos, etc. surge que el Hombre parece ser el animal que ha alcanzado el más alto desarrollo y utilización de medios sofisticados en ejercicio de la violencia contra su misma especie.

Según conceptos vertidos por la Dra. Romano en “La violencia en el medio familiar” ….”solo el hombre puede encontrar una forma de placer al infligir daño a un semejante y no necesariamente con fines defensivos…” solo el hombre puede expresar su odio y su tendencia al exterminio, ejerciendo violencia extrema e irracional y que tiende a auto-perpetuarse basado en prejuicios raciales, religiosos o nacionales; puede ejercer violencia para mantener una relación de poder e intimidación (opresor) y obtener la respuesta violenta a ello (oprimido)

Algunas formas de violencia son reversibles cuando desaparecen las causas que la provocan, no constituye un par didáctico opresión – oprimido.

En el mundo animal la agresión entre distintas especies es con fines depredatorios y defensivos.

En la teoría psicoanalítica se encuentran desarrollados conceptos como “posición innata” y “posición ambiental”

La agresión se conceptualiza como un impulso originario, o sea inherente a la condición humana que requiere descargas periódicas para su liberación.

Si se considera la agresión como impulso secundario a una frustración se está poniendo el acento en factores ambientales en donde bastaría crear mejores condiciones para disminuir o hacer desaparecer las manifestaciones de violencia con la sublimación de la agresión.

Freud, (Diccionario de psicoanálisis J. Laplanche – J.B. Pontalis) en la primera teoría sobre el desarrollo psíquico postula la agresión como un interjuego complejo entre pulsiones de “autoconservación” y “sexuales”.

En el artículo “Las pulsiones y sus destinos” (1915), desarrolló una metapsicología de la agresión, definiendo un sadismo primario que tiende a la descarga, un masoquismo que incluye la vuelta de dicho sadismo contra la propia persona, la posibilidad de obtener “placer” en el sufrimiento propio y luego un sadismo secundario con el objeto sufriente y el placer de infligir daño a otro sujeto.

Con el desarrollo de la 2ª. Teoría instintiva Freud ubica la agresión ligada al instinto de muerte.

Por lo tanto se considera la agresión por una parte como resultado de lo innato del individuo y por otra parte la influencia de factores ambientales que favorecen un proceso de modelado inadecuado. El modelado que recibió el hombre violento, su historia de crianza, basado en un modelo autoritario y verticalista de poder y donde el castigo es utilizado como método educativo, lo puede conducir a tratar de resolver todos los problemas cotidianos mediante la violencia, porque no posee otras alternativas.

Desde niño un varón aprende a responder agresivamente, entrenándose en deportes y juegos rudos.

Las tensiones y ansiedades son canalizadas mediante explosiones de ira contra los demás o contra los objetos. La violencia se incorpora así como un ingrediente más en la estructuración de la masculinidad. La misma es entendida culturalmente como un proceso de represión de los aspectos pasivos afeminados y la exaltación de los aspectos activos como ganar, luchar, competir, vencer, etc. que no se remiten sólo al despliegue físico, sino que pueden adoptar formas sutiles, solapadas, invisibles, tanto para la víctima como para los observadores.

¿Es que la violencia aumentó en los últimos años o simplemente ha tomado otras formas?

B. F. Steele dice en “The Battered child” que “la transmisión del comportamiento abusivo ocurre de generación en generación”.

El concepto de maltrato infantil y la trascendencia del mismo está ligado a la cultura donde el acto de educar se concibe como disciplinario y el medio para mantener las conductas dentro de reglas establecidas es el “castigo”.

2 – ¿QUÉ SE ENTIENDE POR VIOLENCIA?

2 – 1 – Introducción teórica

En el apartado uno, correspondiente a la introducción se definió “ violencia” desde su raíz etimológica que remite al concepto de “ fuerza” implicando el uso de la misma para producir un daño.

El Licenciado Carlos Castro la define como: …” aquella relación de poder donde un actor o actores, mediante el uso de la fuerza ( física, psíquica, económica, política ) provocan a otros un daño, entendiendo como “ daño” : todo menoscabo o abuso a la integridad de la persona expresado en cualquier plano ( psíquico, físico y social).

Según la Licenciada Silvia Gross las categorizaciones de la violencia son :

El maltrato infantil en su forma activa o pasiva de abuso y abandono respectivamente en el plano físico, psíquico o sexual.

La violencia conyugal en su abuso físico, emocional o sexual como así también el abandono físico, psíquico, , social y económico, teniendo en cuenta dos factores que son su carácter cíclico y su intensidad creciente.

El maltrato a ancianos en su forma de abuso o negligencia física, emocional, social y financiera.

Los niños testigos de violencia que a su vez pueden ser abusados o abandonados física, emocional o sexualmente corriendo el riesgo que se conviertan en adolescentes “maltratadores”.

El maltrato a discapacitados e incapaces siendo evidente que la discapacidad genera violencia ya que parte de lo que no se logra en la rehabilitación produce en los cuidadores frustraciones que pueden generar agresión hacia el disminuido . En estos casos una adecuada “ prevención” es fundamental para ayudar a elaborar el “ duelo” a los familiares de discapacitados ya que sus aspiraciones no alcanzan el ideal fijado siendo útil brindar orientación sobre el desarrollo e inserción familiar y social.

Para evaluar el fenómeno “ violento” no solo se tienen que tener en cuenta estas categorías sino también considerar , dentro de una situación de violencia familiar, la historia individual, la historia de la persona dentro de la familia de origen, los estereotipos culturales que delimitan formas de relación hombre- mujer, y adulto- niño, caracterizados por un criterio jerárquico.

El Modelo Ecológico propuesto por Urie Brofrembrenner concibe la realidad familiar, social y cultural como un todo articulado, como un sistema compuesto por diferentes subsistemas que se articulan dinámicamente.

Alberto Bandura toma estos conceptos y sostiene que el proceso de desarrollo que sufre el ser humano en interacción con los distintos entornos con los que se comunica, se da en una continuidad en el espacio y en el tiempo que comprende a su vez los cambios de esos entornos.

El ambiente “ ecológico” estaría comprendido en las estructuras de Macrosistema, Microsistema y Sistema individual.

El contexto más amplio es el Macrosistema refiriéndose a la forma de la organización social, al sistema de creencias y a la ideología cultural, en donde el trabajo , la escuela y las redes sociales, son instituciones intermedias, transmisoras de valores que operan entre el nivel cultural y el nivel individual constituyendo al Exosistema.

El Microsistema incluye a la familia, el análisis de los modelos y comunicación familiar, la interacción madre- padre, madre- hijo, padre- hijo, las patologías del grupo familiar y la discriminación de género dentro de la familia.

Se ha investigado mucho el problema de la violencia familiar y se identificó un factor que se denomina “ victimización secundaria” que es un fenómeno que ocurre cuando una víctima de violencia familiar recurre a alguna institución ( comisaría, hospital, juzgado, etc) o a algún profesional ( médico, psicólogo, abogado, ) en busca de ayuda y dichas instituciones o profesionales quizás poco informados acerca del problema e impregnados por los mitos acerca de la violencia doméstica, se conducen culpando a la víctima. Incurren así, en conductas que en lugar de ayudar, convierten a la persona por segunda vez en víctima. Aquí también, la tarea de prevención informando y orientando a la comunidad ayudaría a que estas conductas se reviertan.

2 – 2 PERFIL PSICOLÓGICO DE LOS PADRES MALTRATADORES

Entre las variables de personalidad que pueden rastrearse en este tipo de padres, se incluye un pobre control de los impulsos, baja tolerancia a la frustración y dificultades para expresar adecuadamente la ira, pobre autoestima, sentimientos de insuficiencia, inmadurez emocional y una personalidad rígida e inflexible.

La Psicodinamia del cuadro está basada en una especial disposición psicológica del progenitor, quien crea un puente de información progenitor-hijo en que los padres tienden a reproducirse y se caracteriza por la “inversión de roles”. Hay dos elementos determinantes: por un lado los padres tienen una excesiva exigencia y una gran expectativa por las realizaciones del hijo en edad precoz y por otra parte un desconocimiento de las necesidades e incapacidades evolutivas del niño y de su indefensión, existe una falta de percepción real del niño por parte de los progenitor.

El padre abusivo es incapaz de sentir confianza en sí mismo y por lo tanto tiende a aislarse y mira hacia el niño en un intento de recibir ayuda.

El abusador traslada hacia los niños/hijos la fantasía de que estos existen para satisfacer las necesidades de los padres.

Existe una falta de percepción real del niño por parte de sus padres. Al bebé se lo aprecia como “malo”. El padre golpeador considera a su hijo como una reedición del “si mismo malo” de su propia infancia.

El conflicto adulto radica entre los deseos de ser padres y la dificultad para aceptar las carencias de esa función. En el núcleo psicopatológico en el acto de la violencia se distingue la identificación con el progenitor agresor.

Es sabida la importancia que tiene el vínculo simbiótico madre – hijo y su influencia sobre el desarrollo psicológico, es por esto que la deficiencia de cuidados maternales empáticos en la primera infancia, produce falta de seguridad o de “confianza básica” en el adulto. Por lo tanto si a este déficit se le suma el vínculo deficitario con su padre, el niño no puede construir una estructura superyoica por un lado y dadora de normas comunes por el otro.

Por la tanto la conducta de maltrato depende de un doble déficit: déficit de la función nutricia y déficit de la función educadora ligada a la autoridad. Estas funciones no dependen estrictamente del sexo de los progenitores.

2 – 3 EL MALTRATO Y EL ABUSO SEXUAL INFANTIL DENTRO DEL CONTEXTO DE LA VIOLENCIA FAMILIAR

En un sentido amplio podemos hablar de violencia social, política o económica. En cualquiera de los casos, violencia implica siempre el uso de la fuerza para producir daño.

Citando a Jorge Corsi (Violencia familiar, 1995): “La violencia siempre es una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza” (ya sea física, psicológica o económica) e implica la existencia de “un arriba y un abajo”, reales o simbólicos, que adoptan habitualmente la forma de roles complementarios “padre – hijo”, “hombre – mujer”, “joven – viejo”. “El empleo de la fuerza se constituye así en un método posible para la resolución de conflictos intrapersonales, como un intento de doblegar la voluntad del otro, de anularlo precisamente en su calidad del otro.”

En cuanto a la familia es una organización social que se ordena jerárquicamente en función de edad y del “sistema de género”, esto es, las creencias y valores sostenidos culturalmente acerca del comportamiento de hombres y mujeres, de las relaciones entre ellos y de las características de los sexos.

La diferencia biológica entre los sexos se ha identificado con la creencia de una desigualdad por naturaleza en la que el hombre es superior a la mujer y como consecuencia tiene mayor poder.

Estas consideraciones valorativas acerca de lo que es predominantemente masculino y predominantemente femenino, determina los modelos sociales predominantes acerca del lugar del hombre y la mujer, de las relaciones en el seno de la familia, del lugar de los hijos.

Coincidiendo con Jorge Corsi se puede afirmar que el potencial de violencia en una familia está determinado por la adhesión a los siguientes componentes:

  • Grado de verticalidad de la estructura familiar.
  • Grado de rigidez de las jerarquías.
  • Creencias en torno de la obediencia y el respeto.
  • Creencias en torno de la disciplina y el valor del castigo.
  • Grado de adhesión a los estereotipos de género.
  • Grado de autonomía de los muchos.

2 – 4 LA FAMILIA COMO MODELO DE RELACION – Familias violentas

El ser humano deberá aprender a manejar las distintas formas de complementariedad relacional en la familia en primera instancia y en segunda instancia en el ámbito social. En la familia se acordarán formas de vincularse, se establecerán acuerdos y desacuerdos y se negociarán cuáles son las pautas permitidas o prohibidas entre aquellos que interactúan; cada miembro en la pareja conviviente traerá las experiencias comunicacionales de su propia familia de origen y entre ellos acordarán un código común a transmitir a su descendencia. Así, los acuerdos y desacuerdos serán negociados, quedando establecida la forma en que se hará esa negociación.

En las familias violentas o maltratadoras, el código familiar de comunicación admite a la violencia como modelo de vinculación, se la legaliza comparte y transmite, aunque la Cultura Social la inhiba. Atrapados en ese código compartido de violencia, víctima y victimario caen en un círculo vicioso del que no logran salir.

Cuando un hombre y una mujer inician interacciones estables comienza entre ambos “un intercambio de significados relevantes para la concreción de la nueva relación”. Como decimos más arriba, ambos traen sus propios valores y creencias acerca de la pareja y la familia; de sus coincidencias y diferencias dependerán los acuerdos que establezcan para relación. Así una nueva familia estará constituida sobre una base de supuestos que “circulan en forma uniforme en el conjunto social y en el interior de las diferentes subculturas, con modalidades propias. Algunos de tales supuestos aparecen explicitados en el lenguaje social en tanto otros actúan como implícitos, no verbalizados”

Los explícitos corresponden a concepciones modernas y superpuestas de la cultura; los implícitos son conceptualizaciones arcaicas que subyacen y que a veces encubren las explicitaciones. Ambos supuestos dan lugar al modelo socio-cultural prevaleciente. “Por lo tanto es posible que cada sociedad en función de un marco histórico-social específico, presentará una particular combinación de supuestos e incluso marcará diferencias internas notorias según subgrupos”

En nuestra sociedad los supuestos explícitos más habituales son: 1) matrimonio por elección libre basada en el amor; 2) hijos como producto de ese amor; 3) relación entre hombre y mujer igualitaria; 4) ambos complementan funciones: casa y niños como máxima responsabilidad de las mujeres y el sostén de la familia la mayor obligación es de los hombres.

La coexistencia de supuestos explícitos e implícitos definen la acción y facilitan la aparición de la violencia.

La familia en tanto organización social está ordenada jerárquicamente en un ordenamiento desigual de poder que ha variado en función de las necesidades de cada grupo social, siendo factores determinantes las preeminencias por edad, parentesco, capacidad productiva y actividad, etc. Un principio invariable ha sido la constitución de jerarquías en función del género: creencia en la desigualdad “por naturaleza” en la que el hombre es superior a la mujer y posee mayor poder, convirtiendo así una diferencia sexual natural en desigualdad jerárquica. Esto conforma los implícitos que subyacen y construyen modelos sociales del lugar del hombre y la mujer en la familia y sus relaciones.

3 – CASUISTICA – Presentación de casos   (**Los siguientes ejemplos son a título representativo, para preservar la identidad de las personas se han cambiado los nombres)

3 – 2 CASOS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA

3 – 2 – 1 – Caso l: Anahí, 5 años y 5 meses

El padre, Raúl, tiene 47 años, es argentino, trabaja como vigilador en una fábrica..

La madre, Rosa, 37 años, argentina, empleada doméstica.. La pareja tiene otro hijo de 8 años Emanuel.

Además, hay otra hija, producto de una relación adolescente de Rosa, Joana de 16 años de edad.

Motivo de consulta: pesadillas, sueño nocturno interrumpido, llanto inexplicable, conducta fóbica.

Grupo familiar conviviente: abuela materna de Anahí, de 76 años, pensionada. Tía materna de 42 años con síndrome de Down.

Historia familiar: el padre no aporta datos de su propia historia. La madre de la paciente fue criada por sus padres. Padre alcohólico y violento , madre sometida.

Dinámica familiar: se trata de padres con características infantiles. Padre negador a las necesidades psicoafectivas de los niños, manipulador y hostil, maltrata físicamente a su mujer. Madre continente pero con escasa conciencia de disfuncionalidad familiar, baja autoestima, capacidad escasa de iniciativa que facilita la cronicidad del problema, conducta de sumisión reforzada para evitar consecuencias desagradables.

Datos ambientales: viven en la casa perteneciente a la abuela materna, con características precarias, nivel socioeconómico bajo.

Diagnóstico: por lo expuesto se considera familia de alto riesgo.

Evolución: se realizaron entrevistas con los padres, con la paciente y con el resto del grupo conviviente, pudiendo observar que se trata de una familia con escasas posibilidades de consolidarse por las características psicopáticas que presenta el padre.
El tratamiento se focaliza en la niña y su madre, quién posee condiciones y recursos psíquicos para clarificar y revertir la disfuncionalidad familiar.

3 – 2 – 2 – Caso 2: Santiago. Dos años y ocho meses

Madre, Hilda, 40 años, docente, trabaja como preceptora. Tiene además dos hijos, una niña de 13 años Cecilia y un varón de 9 años Francisco

Padre, Hugo, 39 años, albañil

Motivo de consulta: el niño Santiago es derivado del servicio de neurología del Hospital Garrahan por presentar dos episodios paroxísticos epilépticos. Se descarta organicidad y se recomienda consulta psicológica.

Historia familiar: la madre convivió con su familia de origen hasta el momento en que formó pareja. Familia materna con características violentas. Dicha familia se hace cargo de los niños en ausencia de sus padres.

Dinámica familiar: La madre de Santiago presenta aspectos amorosos y continente hacia sus hijos. Manifiesta conductas de negación a su situación familiar e insatisfacción emocional con respecto a su pareja. Presenta características omnipotentes al minimizar y negar el problema como resultado de una cierta habituación a la situación de tensión, miedo e indefensión generada, resistencia a reconocer el fracaso de la relación y la tolerancia a esta situación se debe a razones económicas, sociales y familiares.

Presenta baja autoestima, capacidad escasa de iniciativa que facilita la cronicidad del problema, conductas de sumisión reforzadas por la evitación de consecuencias peores.

El padre, tiende a llevar una relación de control y dominación, considera que la mujer es inferior al hombre por naturaleza. Manifiesta aislamiento emocional, minimiza sus actos agresivos, labilidad emocional, baja autoestima, vulnerabilidad, pensamiento dicotómico (es todo o nada).

Cree que nadie reconoce sus derechos y reacciona con violencia cuando se siente rechazado o cuando considera que le faltan el respeto. Es capaz de sentir culpa y vergüenza.

Diagnóstico: por las características familiares y especialmente del padre, se considera familia de bajo riesgo.

Si comparamos ambos casos, se registra en el Caso 1 una familia de “ alto riesgo” ya que el padre presenta características psicopáticas ( se siente superior, invulnerable, es manipulador, violento, se visualiza como poseedor de derechos superiores y se impone a los demás sintiendo placer en el sometimiento, se siente así triunfante).

En el Caso 2 se trata de una familia de “ bajo riesgo” en el sentido de que son reactivos a lo que el terapeuta les dice, hay conciencia de la problemática familiar resultando en un amplio “ darse cuenta” de su actitud y compromiso dentro de la problemática familiar vivenciada.

Se puede destacar como aspecto prevaleciente que el padre al sentir culpa y vergüenza por sus actos permite revertir la situación accediendo a un tratamiento de terapia familiar

Existen estructuras familiares con algunas condiciones facilitadoras del surgimiento de la violencia; (según “Los contextos de la pareja violenta” Lic. Silvia Mesterman):

(1) Hay una organización jerárquica basada en la creencia explícita que existen desigualdades naturales. Ésta está sostenida principalmente por el padre y aceptada en forma sumisa casi siempre por la madre.

En el Caso 1 y en éste sentido, el discurso de Raúl tiende a descalificar permanentemente a Rosa por el simple hecho de ser mujer, (por lo tanto inferior a él), de esta manera cualquiera actitud que asuma ella para independizarse de su criterio, implica una falta grave que debe ser castigada.

Cuando Rosa decide llevar a Anahí a una fiesta de cumpleaños de un compañerito de jardín, contradiciendo la orden de Raúl de que no asistiera, éste estalla en un ataque de furia en el que la insulta y descalifica como madre, dice… “es una ignorante y una irresponsable… quiere repetir con mi hija lo que hizo con su hija mayor (Joana), la descuida y la expone a terribles peligros… ella es mujer y debe obedecerme siempre”

En el Caso 2: si bien hay claras y notorias diferencias entre Raúl y Hugo, este último también sostiene en principio la teoría de las desigualdades naturales: dice…”a veces no la entiendo (refiriéndose a Hilda)… me desafía… debería saber que es imposible que me gane, yo soy el más fuerte… porqué me desafía?…”

Se detecta en los dos ejemplos también:

(2) Un sistema de autoridad en el que el poder se organiza en relaciones de dominación / subordinación autoritarias: tanto en la familia de Rosa y Raúl como en la de Hilda y Hugo, esta condición está claramente presente. Ambos padres de familia basan sus decisiones arbitrarias y déspotas en su condición de Jefe de la familia, lo cual pareciera no necesitar de explicación alguna de su parte: “ella es mujer y me debe obediencia…” (Raúl), “…yo soy el más fuerte…” (Hugo), motivos suficientes para ellos para marcar la relación de subordinadas de sus respectivas mujeres, sujetas sin duda alguna a su dominación;

(3) una modalidad relacional que es cercenadora de la autonomía en tanto interactúan rígidamente. Esto es notablemente visible en ambas familias: en el caso de Rosa, si bien resiste a Raúl, en general acepta sus imposiciones al interactuar rígidamente con él sin posibilidad de manifestarse desde su propia identidad. Obra a escondidas de su marido en aquellas cosas que sabe fehacientemente que él va a censurarla o a castigarla: lleva a Anahí al cumpleaños (pese a la prohibición de su marido) desconociendo la llegada anticipada de él de su trabajo. Hilda dice “…sólo ocultando las cosas puedo desobedecer algunas de sus arbitrariedades…”

Existen también como condición de violencia familiar, (4) una comunicación de significados que invisibilizan el abuso y (5) una condición externa de consenso social. En ambas familias se encuentran presentes significados que denotan una adherencia fiel a los mandatos referidos al lugar de la mujer y el hombre y especialmente en los esposos; según los relatos escuchados las familias de origen también tienen relaciones parecidas y refuerzan con sus consejos, dichos y actitudes la ideología presente.

Según Rosa, su madre que convive con ellos, le transmite con férrea seguridad las pautas que definen un modelo tradicional de lo que debe hacer una mujer en el hogar: “…aguantá Rosa, después de todo él es el hombre y lo tenés que obedecer…” En el caso de Hilda y Hugo, principalmente él sostiene junto a su familia de origen la posición de ser el dominador absoluto en todas las situaciones que se den en casa, “…mi madre jamás desobedeció a mi padre, él se encargaba de ella si así no lo hacía…cuidaba de la casa y de nosotros…Hilda trabaja y eso es porque yo se lo permito…”

Estas serían las cinco condiciones estructurales de la violencia que no actúan aisladas sino superpuestas, en interacción continua o bien predominando una o varias sobre el resto.

Esquema del ciclo de la violencia marital de Leonor Walker: la violencia se da en situaciones cíclicas de tres fases que varían en intensidad y duración sobre las parejas;

Acumulación de tensión en que las mujeres niegan la realidad de la situación ante la agresión psíquica y golpes menores y los hombres incrementan su accionar violento creyéndolo legítimo.

Fase aguda del golpe, cuando la tensión alcanza su punto máximo: descontrol e inevitabilidad de los golpes.

(3) calma “amante” (ciclo de idealización, “luna de miel”), relacionalmente se distingue por el arrepentimiento del golpeador y de la mujer que cree en su sinceridad.

Si bien este ciclo se ha reiterado varias veces, en ambos casos, podemos situarlos en la fase (1) al momento de llegar a la consulta. El motivo de la consulta misma fue efectuado a causa de la sintomatología presentada por los hijos menores de ambas familias

Caso 1: una vez expuestos los síntomas manifiestos de Anahí de cinco años, se cita a sus padres para tratamiento familiar; Rosa concurre sola y ya en las primeras entrevistas comienza a relatar actos de maltrato físico y psicológico por parte de su marido, especialmente hacia ella, pero de los que no están exentos sus hijos, su madre y una hermana discapacitada. El maltrato comenzó al poco tiempo de constituida la pareja y fue incrementándose en forma de amenazas, empujones, insultos y algún golpe aislado; Raúl reprocha a Rosa no cumplir con sus tareas domésticas y desatender a los niños; en su relato Rosa dice que él no le da dinero suficiente para mantener a los niños y ella debe trabajar como empleada doméstica para sobrevivir, cosa que él ve como abandono de sus deberes maternos y también como oportunidad de engaño con otros hombres. Cuando se logró que Raúl concurriera a la consulta, se comenzaron a detectar su personalidad psicopática y las características que hicieron dudar de la posibilidad de éxito del tratamiento familiar. (Es por ello que más adelante y previa consulta con diferentes profesionales que dieron su opinión acerca del caso, se decidió aconsejar a Rosa la presentación de su caso en un Juzgado de Familia, entendiendo que sólo el conocimiento de una Ley más práctica y rigurosa haría que Raúl cesara en sus actitudes de violencia).

Por el contrario en el Caso 2 si bien se registran condiciones estructurales de violencia como en el Caso 1, la principal diferencia reside en la personalidad de Hugo, que según la clasificación descripta por el Lic. Mario Payarola sería un hombre violento psíquico mientras que Raúl entraría en la descripción del hombre violento psicopático.

Hugo fue espectador, testigo y víctima de violencia intrafamiliar, su padre además de violento era alcohólico crónico: lo que agregaba un factor de riesgo importante. Su origen cultural ve a la mujer ocupando el lugar de procreadora, sin ningún otro derecho ni rol; su mujer además era pasiva y aceptaba este lugar sin oposición. Sabemos que las personas sometidas a situaciones crónicas de violencia dentro de su hogar aprenden a reproducir en sus futuras relaciones el modelo, perpetuando así el problema.

Hugo aceptó sin inconvenientes asistir a una entrevista y luego a sesiones de terapia individual y grupal a fin de mejorar su condición de hombre violento. En este caso, si bien reprodujo ciertas condiciones de su infancia, como por ejemplo ser adicto al alcohol como su padre y someter a Hilda y esporádicamente a sus hijos a situaciones de violencia psicológica y aún física, reaccionó positivamente a las indicaciones para superar su situación de hombre violento y a afirmarse a si mismo con otros modelos de conducta.

Según el Lic. Mario Payarola lo que distingue al hombre violento psíquico (como Hugo) del psicópata (Raúl) es que puede manifestar arrepentimiento y aceptar su culpabilidad, es sensible y puede llegar a expresar sus sentimientos, es menos negador y si bien puede padecer de ceguera selectiva, reconoce los hechos y su responsabilidad cuando le son demostrados. En el caso del hombre violento psicopático, no manifiesta arrepentimiento alguno …”ella me provoca permanentemente… que cambie ella primero” (Raúl), es negador, niega completamente ser violento, planifica como ejercer la violencia, obtiene placer de sus actos violentos …”sí claro que la escupí la cara y le apreté los brazos” -con una gran sonrisa en la cara- …”pero fue ella la que me desafió… si hubiera hecho lo que yo le dije…” (Raúl)

Algo que llama poderosamente la atención en la terapia familiar del Caso 1 es la actitud del padrastro (Raúl) respecto de Joana la hija mayor de Rosa. Citado para hablar de la problemática de Anahí , una y otra vez su discurso se desvía a la crítica y descripción de la adolescente y su “conducta desviada”. Entre otras acusaciones le atribuye promiscuidad, drogadicción y ausencia permanente del hogar. Se le recuerda que ha sido convocado para que se refiera a su hija Anahí , pero no parece escuchar y sigue refiriéndose a Joana con llamativa descalificación de la que responsabiliza totalmente a Rosa y haciendo una descripción pormenorizada de los atributos físicos de la joven dice …”es hermosa… tiene un cuerpo espectacular… ella (refiriéndose a Rosa) le permite todo… que se vaya con el noviecito que seguro ya se acostó con ella…”. Rosa escucha con la cabeza gacha y visiblemente angustiada.

De todas las posibilidades del abuso sexual en la infancia, la ocurrida intrafamiliarmente es la que más serias consecuencias provoca. Es notable que en las familias que ocurre el incesto se presenten carencias afectivas, relaciones frágiles y profundos conflictos, hay historias de abandono y factores de alto riesgo como adicciones al alcohol o a otras drogas que complican aún más el escenario (padre y hermanos de Rosa).

La familia de Raúl y Rosa y su grupo conviviente presenta una organización rígida y autoritaria; el padre es dominante y absolutista; hasta el momento de la consulta Rosa se quejaba pero en última instancia aceptaba sumisamente las decisiones de Raúl.

Cuando Joana acude a una entrevista manifiesta rabia y resentimientos hacia sus padres; por un lado su hostilidad es principalmente hacia este padrastro intrusivo y autoritario y por el otro hacia la madre a la que veladamente al principio acusa de no haberla protegido. Hay una mínima referencia al padre biológico, al que no conoce, y que la abandonó antes de nacer, hay rencor y desprecio en esa alusión al progenitor.

En la descripción previa que Rosa hace de esta hija que es producto de una relación fugaz en su adolescencia, se destacan las quejas acerca de sus idas y venidas con un “noviecito que se alcoholiza y droga”. Dice que vive quejándose de distintos problemas físicos, pero que nunca se decide ir al médico “…ya está grande y puede ir sola a hacerse ver… para estar con su novio no me pidió mi ayuda…”.

Las características y las conductas de Joana llevaron a inferir que probablemente haya sufrido abuso sexual en sus años infantiles; su personalidad manifiesta en la única entrevista que aceptó tener (luego se negó terminantemente a sumarse a la terapia familiar) mostró que reúne características depresivas, una conducta retraída y aislada; en su propia comunicación relata como se autoagrede, por ejemplo inyectándose la insulina de su abuela, sólo para “ver que se sentía…” confiesa fumar marihuana y haber probado éxtasis en algún baile; se ha fugado de su casa por semanas enteras y bebe alcohol (cerveza) hasta perder la conciencia. Refiere distintos síntomas somáticos en los que destaca problemas digestivos, vómitos y náuseas recurrentes.

Actualmente Joana va y viene de su casa, dice que no tiene posibilidades de irse definitivamente, siendo lo que más desea; manifiesta mucho afecto por Anahí y dice no querer que su hermanita “pase por lo mismo que yo…” cuando se le pregunta a qué se refiere contesta vagamente aludiendo al maltrato físico de su madre y a la intromisión obsesiva de su padrastro en su vida, dice “…hasta grande se metió en el baño cuando yo estaba… me critica la ropa que uso… se mete con mi novio… lo odio”.

Estas conductas de Raúl descriptas por la adolescente, son una clara violación de los límites personales de Joana, que desde siempre ella reconoce y repudia; delata una relación distante, fría y hostil con Rosa y dice “…siempre estuvo ciega a lo que pasaba en casa …ahora reaccionó con Anahí… ella quiso que viniera pero sé que no es por mí, es por la nena”.

Si bien la inferencia del incesto entre Joana y su padrastro no pudo ser mas que sospechada hasta el presente, podemos deducir en la actitud y palabras de la jovencita que considera demasiado tarde que Rosa se plantee su función materna de protección, en especial para con ella.

En las víctimas de incesto las madres reciben claramente la hostilidad de las adolescentes más aún que la figura abusadora. En el caso de Joana se percibe que culpa por igual a su padrastro y a su madre por no haber ejercido efectivamente su protección; en ella hay una escalada de desafíos a la autoridad materna como castigo por lo que no recibió de ella. Sus conductas transgresoras son clara muestra de esta situación.

Esta nueva circunstancia en el Caso 1 agregó una complejidad más al ya de por sí conflictivo cuadro familiar.

Respecto del Caso 2 , podemos hablar de una familia que se presenta en el momento de una crisis, (los episodios paroxísticos epilépticos de Santiago), mientras que la familia de Raúl y Rosa es una familia violenta, si bien la que es traída en principio para ser atendida es Anahí por un cuadro de pesadillas nocturnas..

Desde la postura de Alberto Bandura podríamos hablar de “determinismo recíproco”, es decir, “todo se determina con todo, no hay nada que por sí solo tenga valor”.

Podemos encontrar en la familia de Anahí contextuándolo desde un nivel social, un Modelo Social que nos permite ver el fenómeno de la violencia familiar. En la evaluación realizada encontramos historias personales de violencia tanto en ellas mismas, como contextuados en la familia de origen; un aprendizaje de conductas violentas a través de niños que han sido víctimas y testigos de violencia; autoritarismo en las relaciones familiares; baja autoestima y desvalorización en las madres; como factores de riesgo importantes: alcoholismo, estrés económico y desde el macro-sistema: las creencias y valores culturales. La concepción acerca del poder y la obediencia (tan claramente expresada en el discurso de Raúl), el uso de la fuerza para resolver los conflictos y un concepto de roles, derechos y responsabilidades autoritario e injusto. Si a todo esto sumamos un probable abuso sexual infantil en la persona de Joana podemos definir a esta familia como violenta, con situaciones de violencia familiar crónicas, mientras que por contraposición la familia de Santiago puede ser catalogada como atravesando situaciones de violencia familiar temporarias.

La Ley Nacional 24417 dice en su artículo 3º que “los equipos especializados deben evaluar la interacción familiar”

Si bien el lugar donde estas familias concurrieron a la búsqueda de ayuda es un centro psicológico, en la medida de lo posible y con los recursos al alcance, se buscó la forma de involucrar a distintas disciplinas con el fin de poder ofrecer la ayuda adecuada y eficiente para la resolución de sus conflictos.

Se tomó en cuenta el momento del ciclo que atravesaban, los riesgos que los menores corrían, es decir, se realizaron “evaluaciones psicodiagnósticas con los potenciales de riesgo”

Se solicitaron también intervención para evaluar los casos desde lo social, remitiéndoselos a trabajadores sociales que realizaron su evaluación desde lo ambiental, y desde lo jurídico, abogados que vieran cuales eran los pasos a seguir en especial al Caso 1, ya que el Caso 2 no requirió en ningún momento una intervención judicial.

Como resultado del diagnóstico según el artículo 3º de la Ley Nac. 24417 y las evaluaciones concomitantes y aplicando el artículo 4º de la mencionada Ley el Juez donde fue efectuada la denuncia del comportamiento de Raúl, tomó medidas cautelares correspondientes: exclusión de la vivienda, prohibir su acceso y decretó en forma provisoria alimentos, tenencia a favor de Rosa, así como fijó días y horarios para que el padre pudiera visitar a sus hijos.

4 – Abordaje preventivo e integrativo

4 – 1 ¿Para qué un abordaje preventivo e integrativo?

Abordar el tema de “ violencia doméstica” no es sencillo .Transitar por la vida es crecer en medio de la violencia generada por la vida en general: estructuras rígidas, autoritarismo, conocimiento de guerras, e incluso aquella violencia propia, difícil de reconocer, como pensamientos , palabras pronunciadas, acciones y omisiones, realimentando una y otra vez el círculo violento.

La violencia siempre genera violencia y es sabio preguntarse : ¿cómo salir de ella ?

Creemos que es posible salir con decisión personal, familiar, comunitaria e institucional y se logra:

1- Con un trabajo en equipo, ya que los problemas que atañen a la familia no pueden ser resueltos exclusivamente desde un área. La Licenciada Gross sostiene…” poder pensar en términos de equipo interdisciplinario marca un cambio que va de la privacidad del trabajo unidireccional al equipo que tendrá que trabajar en la comprensión de los patrones de esa familia, observando cómo se conectan e influyen entre sí”… y

2- A través de una adecuada orientación hacia los padres, familias y comunidad toda, formando conciencia sobre la violencia doméstica antes de que la misma se instale como integrante familiar y social. Acompañando al grupo familiar a través de un proceso de Focusing para aprender a vincularse con sus aspectos internos, desarrollando relaciones intrapsíquicas más saludables.

Urge tomar conciencia de la existencia de la violencia que nos rodea y ante todo de la propia que nos habita. Para ello, la prevención es un recurso óptimo considerándola condición necesaria y suficiente para contrarrestar este flagelo familiar y social que nos limita en nuestro desarrollo como seres bio- psico-sociales-culturales y ambientales que somos.

Se entiende por “prevención” a la preparación y disposición que se toma por anticipado a fin de impedir un riesgo. Actuando entonces, de esta manera, se reduce la frecuencia de daño físico, mental y sexual en el contexto de violencia familiar, se disminuye la pérdida emocional y financiera de la familia del enfermo. El Estado se beneficia en sus recursos económicos por mantenimiento y atención de poblaciones hospitalarias.

El propósito de una adecuada “prevención” se traduce en mejor convivencia social, desarrollo pleno del individuo y elevación de la calidad de vida.

A través de una prevención primaria se facilita la reflexión y el compromiso social. Caplan sostiene que “… es un concepto comunitario que implica la disminución de casos nuevos de trastornos mentales en una población en un periodo dado, contrarrestando las circunstancias perniciosas, antes de que tengan oportunidad de producir enfermedad…”

A través de una “ prevención secundaria” se estimula al individuo para que siga “ siendo”, que pueda ejercer su autonomía, se lo valoriza ante el resto, se promueve su propio respeto y por lo tanto ser respetado. Esta prevención corresponde a los programas que tienden a reducir las incapacidades producidas por un trastorno y tiende a disminuir la instalación del trastorno mismo.

En el caso específico de violencia doméstica se estaría trabajando en forma individual o en pequeños grupos constituidos para tal fin contando con un equipo interdisciplinario para atender al tratamiento efectivo de la víctima y su entorno.

La “prevención terciaria” abarca las dos primeras y corresponde a actuar como equipo en la rápida rehabilitación y reinserción de la persona en su medio familiar, social y laboral.

La actuación del equipo se basa en la reinserción de la persona , en la orientación a los familiares sobre qué se puede esperar de estos pacientes, informando sobre posibilidades reales y formas de tratarlo.

Así también , ofrecer contención a los familiares más próximos, ayudando a verbalizar los miedos y fantasmas, contención familiar para descargar angustias y miedos.

Escuchar, informar y orientar a los que lo necesiten ya que un mayor grado de desarrollo alcanzado por las personas promueve menores riesgos de rigidizarse y ubicarse en actividades defensivas, deformando la realidad . Se favorece una higiene mental y apertura a la propia experiencia confiando en los datos que provienen del organismo.

En la asistencia a las víctimas del delito se estaría practicando prevención secundaria y terciaria ya que se brindan las pautas básicas de comprensión del hecho traumatizante abarcando los diferentes niveles. A) asistencia terapéutica y B) nivel de orientación e información.

Se contempla el conocimiento de la problemática, asistencia individual y familiar desde un enfoque interdisciplinario, tratamiento de psicoterapia, seguimiento, orientación pedagógica y laboral.

El estudio científico de la víctima del delito ( victimología) nos brinda información sobre la relación autor- víctima y la atención de la víctima vulnerable que son aquellas personas que por sus características no pueden defenderse ya que no tienen posibilidades de reacción como ser las víctimas-niños, víctimas-ancianos y víctimas disminuidos física y psíquicamente.

La meta de prevención es la de un hombre que está en permanente evolución, que se conoce a sí mismo, confía en sus fuerzas y conoce sus límites. Un hombre que cree en sí mismo y asume la realidad actuando con compromiso o sea : un hombre sano.

4 – 2 Modelo de proyecto

En el presente proyecto se ha seleccionado el tema de “ La prevención como condición necesaria y suficiente en violencia familiar” destinado al trabajo en la Parroquia del Patrocinio de San José con personas que tengan hijos, hayan formado una familia o no , siendo extensivo el mismo a diferentes centros de salud, instituciones educativas y centros de gestión comunitaria.

El objetivo es informar y orientar sobre la crianza anormal y su prevención a fin de cortar el círculo vicioso familiar que puede convertir en golpeador a un niño criado de esa manera.

El programa de actividades cumple una función social importante ya que actúa no solo como modelo de prevención primaria, evitando que la violencia se instale en la familia, sino que proporciona al medio comunitario.

Personas capaces de reconocer la violencia en sus diferentes dimensiones, ya sea como maltrato o abandono infantil, maltrato y/ o abandono conyugal, maltrato y/o abandono a los ancianos en sus aspectos físicos , psíquicos , sexuales, económicos , culturales y sociales, teniendo en cuenta a los niños testigos de situaciones violentas y la situación de las personas discapacitadas e incapaces .

Personas capaces de evitar la transmisión del comportamiento abusivo de generación en generación.

Metodología
Las actividades terapéuticas se llevarán a cabo una vez por semana en la sede de la Iglesia del Patrocinio de San José en los días y horarios que convenga la mayoría de los profesionales participantes y de acuerdo a las disponibilidades de la Institución.

Los grupos serían conformados entre quince y veinte personas que sean padres y quieran informarse sobre interrelaciones familiares y temáticas de abuso y maltrato.

Se realizará una entrevista individual para determinar el perfil Psicológico de las personas para poder armar un grupo acorde con la dinámica que se quiere implementar.

Dicha dinámica se basa en desarrollar temas sobre violencia doméstica, promover recuerdos de experiencias en las que se considere que hayan sido plausibles de maltrato o abuso , o ambos en forma física, emocional o sexual.

Se tendrán en cuenta ciertas motivaciones preventivas como por ejemplo: situaciones reactivas, miedos, temores a ser expuestos, tratando de estimular la confianza básica tejiendo una red de intercambio que permita un adecuado sostén a fin de evitar agravamiento de patologías preexistentes

Se utilizarán, además de los recursos informativos, técnicas de juego, de dibujo libre, de expresión dramática, fomentando la expresión escrita y oral. A través de procesos de Focalización corporal, como modelo flexible de aprendizaje, de estar con lo que nos pasa. Promover la autoaceptación y la escucha empática.

La comunicación terapéutica tiende a presentarse de una forma en que se acerque más al diálogo corriente que al psicoanalítico.

La forma de trabajo será interdisciplinaria. Se mantendrá un fluido contacto con las familias de estas personas permaneciendo abiertos a todo tipo de experiencia que se plantee.

El tiempo que se le va a dar a este proyecto será anual, evaluando el mismo cada tres meses.

Se dispondrá de tres terapeutas especialistas en pareja y familia, que son los que dirigirán al grupo y de un equipo interdisciplinario de consulta conformado por un asistente social para apoyar a las familias, un consultor psicológico  orientado al Focusing para brindar su perspectiva desde la normalidad y salud abocado a la prevención, la promoción y el desarrollo del ser humano, un abogado para un adecuado asesoramiento legal, un pediatra para evaluar el estado físico de la posible víctima, y un psiquiatra para evaluar las funciones mentales y cubrir necesidades de medicación.

Este proyecto será financiado con recursos provenientes de las empresas que apoyen la tarea solidaria publicando avisos en la revista de la parroquia.

Asimismo, las personas que asistan al grupo de prevención colaborarán con un valor mínimo que dispongan en la medida de sus posibilidades.

En este proyecto se privilegia la actividad terapéutica aportando una tarea de prevención e interacción social, contribuyendo a incrementar la calidad de vida de la especie humana en su respectiva comunidad.

5- CONCLUSIÓN

Se sabe que solo los seres humanos pueden cambiar las realidades que construyen.

Medios pacíficos abren caminos de paz y la paz es justicia y dignidad humana.

Se necesita despertar a nuestra responsabilidad creadora, vivencial y actitudinal desde el lugar que nos toque ocupar a cada uno.

Como agentes promotores de salud no podemos, en consecuencia:

Aceptar la violencia como natural y normal ya que nunca es normal ni natural el sometimiento y la destrucción

No podemos seguir negándola para hacerla invisible y tranquilizar nuestras conciencias, la negación esclaviza, enferma. La violencia marca cuerpos, emociones, relaciones y necesita ser develada para que los seres humanos , liberándose de la mentira, puedan volver a soñar, amar, reír… ser libres y confiar.

No podemos encubrirla y generar la complicidad más humillante e indigna, pues implica la destrucción de la dignidad de otros y , al fin, también la propia.

Esta violencia es muy común en los abusos en la familia y en las instituciones. Los profesionales de la salud poseemos aquí un rol fundamental de ser la voz del que no tiene voz.

No podemos habituarnos ni hacernos insensibles para no sufrir. La violencia siempre es sufrimiento y nos debe doler al punto de no escatimar esfuerzos por revertir las situaciones. El rol de la educación formadora aquí es fundamental.

Por todo lo expuesto se apuntala la “ prevención” para disponer maneras que impidan perturbaciones mayores, estimulando el interés por mejorar relaciones interpersonales, ayudando a tomar conciencia de los valores propios de cada persona, de sus expectativas y de sus metas, promoviendo el “ darse cuenta” de demandas hacia los demás , para modificarlas, aumentando la flexibilidad del individuo al aceptar la conducta de los demás conduciendo a una mejor convivencia social.

Como dijo Víctor Frankl …” La paz es una construcción que comienza en el interior de cada ser humano con fuerza, pasión, energía y vida, revisando como primer paso nuestros pensamientos, palabras, acciones y omisiones cotidianas…”

  • El trabajo preventivo e integrador es condición necesaria y suficiente para paliar la violencia familiar

Bibliografía

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